Como micelio
Vivir una vida que no se empuja, que no se moldea, que solo recibe y da lo que sabe que puede dar.
Estos días he estado sumergida en el taller literario que estoy acompañando, sumergida en conocer las voces y el corazón de las mujeres que están participando en él y, al mismo tiempo, sumergida en conocer mi vida, conocerme a mí desde este espacio, desde lo que también brota y surge mientras les leo y les escribo a ellas y les cuento lo que la escritura me cuenta a mí.
Diría que les estoy compartiendo un conocimiento, pero no es así, yo no sé nada ni de escritoras ni de escribir, solo sé lo que veo de mí a través de ello, traduzco sus voces resonando adentro, muy adentro, traduzco mi escritura hablando como pulsaciones que se quieren extender como micelios y mostrarnos que, en realidad, todos hablamos el mismo idioma. Un idioma que no descifro porque es tan cambiante y mutable, pero ahí está, su esencia, su esencia vital, esa que intento captar.
¿O que me intenta captar?
Mientras leo a Anais Nin, a Wislawa Szymborska, mientras me inunda la canción que es Mary Oliver junto a otras autoras más, empiezo a sentir la sed de explorar la vida; después de todo, el taller literario que estoy empezando a parir y sostener, trata de encontrarnos con nuestra voz más salvaje y más indómita, esa voz que desafía lo correcto y lo incorrecto y se planta en el instinto.
Por estos días todos mis deseos se han unificado en uno solo: volver a ser canal, volver a estar rendida y abierta ante la vida para que nazca lo que tenga que nacer, para recibir todo aquello que soy y entregarlo al mundo también. Nuevamente (y agradezco ese nuevamente) he renunciado a mis propias aspiraciones, solo para poder escuchar, para dejarme llevar; sé que a algún lado llegaré, sé que ese lugar soy yo misma. Entonces, simplemente me entrego, respiro, hago silencio, siento sin pretensión, escucho sin preguntar, ya no quiero preguntar. Ya no me interesa el control, o al menos es lo que creo, o lo que quiero creer. Me estoy dejando llevar, que nazca lo que quiere nacer, que muera lo que quiera morir, yo me entrego, una vez más digo: vida, aquí estoy, soy la voluntad que me habita, haz de mí un instrumento de tu paz.
Otra forma de morir, como materia orgánica que cae a la tierra, que alguna vez se creyó viva, con una función y con una forma, y que, ahora, sabe que toda forma y función es impermanente y que es tiempo de regresar a su verdad, de donde provino, a donde todo siempre vuelve.
He recordado que mi oración favorita es la de San Francisco y también he recordado las palabras de Santa Teresa de Ávila. No soy religiosa, pero la devoción es fuego dentro de mí, y ellos saben de devoción, saben de amar, saben de entregarse a algo que se siente más grande que sus propias voluntades, saben que no viven solo para ellos, viven para ser el amor que les dio la vida, es ahí donde intento regresar. Por eso, en estos días, me he levantado solo para rendirme, porque mientras siga queriendo darle dirección a mi vida, solo me encuentro que doy vueltas en un mismo lugar. Si suelto la tensión, escucho los susurros de mi hogar.
Qué placentero es sentir que, a la larga, ya nada importa, que mis sueños, deseos y anhelos, ahora se funden en uno solo. Que no me interesa ir a ningún lado si no estoy completamente conectada a mi deseo más primordial, ese de simplemente escuchar, de simplemente sentir, ese de expresar lo que soy y también de observar todo lo que se mueve dentro de mí.
Hoy me he preguntado qué sentido tiene la vida si no me dedico a perder todo lo que he creído que tengo que hacer, las historias que me cuento de mí. Qué sentido tendría la vida si no la vivo, si no me equivoco, tal vez entre tanta equivocación haya algo de acierto.
Como dice Clarissa Pinkola, parafraseándola un poco:
Vivir como se respira. Como inhalar y exhalar. Como recibir y dar.
¿Qué más se puede hacer?
Un solo compromiso: ser canal
Una sola práctica: entrega total
Una sola intención: rendirme siempre
Una sola esperanza: la de que todo ya es y nada más podría ser que esto que lo es todo
Una sola aspiración: dejar de intentar vivir, para empezar a vivir
Amar, amar, amar.
Sin reglas y sin prejuicios. Sin preguntas, o tal vez con ellas, pero sin respuestas. Tal vez ya no me interesan las respuestas, no las hay, nunca las ha habido.
Solo ríndete, me dice la energía que es mi cuerpo. No la parte densa y acorazada, esa duele, esa se queja, esa necesita.
Solo escucha, me dice mi mente.
Solo hazlo, me dice la vida que pulsa dentro de mí.
Yo solo la quiero vivir.
Sed de explorar la vida.
Lo más cercano a la libertad. Que ya no depende de lo que haga, depende de que pueda recordar esto: rendirme, permitir, escuchar, pulsar, danzar, morir y vivir como una sola cosa y por supuesto, lo más importante:
ENTREGARME
La rendición es el deseo de entregarme, como una semilla que germina, crece y brota, sale la flor y se abre y ¡oh! que placer es empezar a deshojarse y dejarse caer, ese placer de la inexistencia, ese placer de lo efímero, de saber lo que nunca fue, sino retornar a lo que siempre es: la eternidad.
Escuchar, porque he dejado de preguntar, eso es entregarme, soltar la cuerda que tenso y a la que me agarro y me aferro tanto.
Y cuando me entrego, la risa del sinsentido me inunda mostrándome el sentido real y verdadero: el silencio, la presencia, la respiración, el pulso.
Déjate vivir, eso es lo que me dice, déjate vivir.
No tengas miedo, lo único que puede dañarte es lo que piensas acerca de cada situación, porque en realidad, nada es como te lo contaron, las cosas simplemente son, las relaciones simplemente son y luego son de otra forma. Lo que duele es lo que esperas de algo o de alguien, la vida que esperas que venga de afuera, aquello a lo que te sujetas. Lo que duele es el no poder soltar la expectativa o la esperanza depositada. Lo que lastima es que cuando alguien hace algo tú no estás en ti. Lo que lastima es que no estás viendo que nada nunca se ha tratado de ti, es solo el flujo constante de las personas, sus pensamientos, sus actos y sus consecuencias. Es solo un entramado a veces demasiado apretado y enredado. Es solo que te has creído esa historia. Ríndete y deja que los demás den vueltas si es que las quieren dar, pero tú, tú solo recuerda tu más profunda intención y ríndete a ella. Conviértete en ella, camina por el mundo como ella. Libre.
Ama en libertad, deja en libertad, entrega en libertad, entrégate en libertad, nadie te pertenece, déjalos ir, ni siquiera aquello que das te pertenece, porque no es algo que posees, es algo que eres, y lo que eres es respiración universal, correlación infinita, simbiosis primigenia, inicio vital, no te puedes negar.
Respira y vive de la única forma que se puede vivir, compartiéndote al mundo sin esperanza y sin petición, con entrega y rendición, con eternidad y muerte, con escucha y corazón, siempre con corazón. La vida se retrae y se entrega en un ritmo perfecto, aprende de ella, aúnate a tu verdadera naturaleza.
Así que seguiré explorando mi vida desde este “regreso”.
No tengas miedo, porque la vida siempre sabrá tomar su lugar
No tengas miedo
Mientras elijas el Amor, el amor también tomará su lugar, lo tomará en ti, lo tomará en todo lo que te rodea y, si lo permites, te rodeará tanto, que no quede otra opción que creer.
Creer en que, si lo permites, siempre habrá algo más sabio y más grande que una mente estrecha, Algo que conoce el camino.
Y si lo permites
Ese camino se abrirá anti ti, no porque lo buscaras, no porque lo intentaras, no porque lo creyeras, no porque lo crearas, sino porque Es lo que siempre ha Sido y ahora, tan solo lo ves.
Y una lo ve cuando se rinde, cuando deja de intentar, cuando deja de controlar y, como micelio, hace lo que tiene que hacer, se da, se extiende, se expande en la naturaleza esencial, existe, Es.
Belleza, respiración, vida, latido, pulso, crecimiento, expansión, perderse en algo más grande que una misma, en el misterio infinito de la existencia, en la gratitud de lo desconocido, en la belleza de lo aparentemente aforme y caótico, en el sinsaber y en el sinsabor, en el soltar, solo eso, soltar, dejarse llevar.
Un poco más :
Este año decidí abrir el “Taller Literario Anhelo de Raíz”, un espacio de escritura para mujeres, para hacer de la escritura hogar, para dar voz a las voces que nos habitan, para reencontrarnos con nuestra voz más indómita y salvaje y sacarnos de la cueva del silencio que asfixia para adentrarnos al silencio que es sosiego y calma, ese que queda después de la escucha y la presencia a toda la vida que se mueve dentro, que danza y nos danza y nos impulsa.
El próximo año abriré nuevos talleres, espacios y encuentros desde el cuerpo y la escritura.
Puedes suscribirte si aún no lo has hecho y mantenerte al tanto de todo lo que comparto cada domingo y de las nuevas propuestas desde el taller.



